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Gestión y Responsabilidad Social
en las Cooperativas: Un reto
del
cooperativismo contemporáneo
Escriben:
Odalys Labrador Machín
Juan Luis Alfonso Alemán
Alberto Rivera Rodríguez
Aún cuando
las organizaciones cooperativas desarrollan una importante labor social
que abarca en primer lugar las necesidades y expectativas de sus
asociados y que además se vinculan y comprometen con la solución de los
problemas de la comunidad en la que se insertan así como de la sociedad
en general, carecen de un instrumental de gestión que les permita
garantizar la mejor utilización de los recursos de que dispone en todos
los campos de actuación, así como fundamentar estrategias de desarrollo
y acción social que respondan a las necesidades y demandas reales de su
recurso humano, familia, comunidad y sociedad.
Es
importante tener presente que el futuro de las cooperativas y del
movimiento en general está condicionado a la observación más estricta de
su espíritu social, sobre la base de procesos económicos eficientes y
eficaces.
Esta
importante necesidad no puede postergar su resolución, las cooperativas
deben demostrar con su acción diaria las razones de su existencia como
forma especial de asociación de personas con un objetivo común, y ello
obliga a gestionar adecuadamente todas sus dimensiones y no únicamente
las económicas.
Por otra
parte, el desarrollo actual y el desempeño de las cooperativas de base
demandan el diseño y aplicación de una metodología que permita el
autodiagnóstico sobre el grado de cumplimiento de los principios del
cooperativismo, la planificación y el control adecuado en la
materialización de éstos y además brinde la posibilidad de establecer
cierto grado de comparación entre nuestras entidades, basadas
principalmente en el nivel de cumplimiento de los principios
cooperativos.
Estos
principios deberán ser medidos y evaluados a través de una serie de
indicadores generales que podrán ser acompañados de otros que respondan
con mayor precisión a las características y particularidades de cada
organización.
Las
cooperativas, en su necesidad de registrar, medir y evaluar su desempeño
o acción social, cuentan con la ventaja que confiere su especificidad
como empresa, que la convierte en una organización peculiar y diferente
del resto y que está determinada por su compromiso social, tanto con
respecto a sus asociados como con respecto a otros colectivos
interrelacionados con estas organizaciones. No obstante, es importante
señalar, que esta necesidad no es exclusiva del sector cooperativo.
El informe
sobre el grado de desempeño social de las cooperativas debe constituir
un instrumento de gestión que garantice la autenticidad e identidad de
estas entidades.
En
nuestra región, el diseño y puesta en práctica de un sistema de
información estructurado que contribuya al reconocimiento del espacio
que el movimiento ha ganado dentro de las economías nacionales y de la
región constituye una prioridad para su inserción como un sector más de
la economía. Al mismo tiempo dotará al movimiento de datos y
estadísticas objetivas para su defensa política, lo que significa una
necesidad actual ante corrientes y tendencias que se oponen al
cooperativismo en algunos países.
Muchos
países de nuestra región han desarrollado esfuerzos en aras de diseñar y
establecer metodologías de medición y evaluación del desempeño social de
las cooperativas y actualmente han aunado esfuerzos en pos de asimilar
las experiencias más significativas y de mayor reflejo de la acción
social y los resultados del trabajo de nuestras organizaciones.
En el caso
latinoamericano y desde nuestro punto de vista, el modelo de evaluación
del impacto social debe constituirse, de manera general, conteniendo dos
bloques o subsistemas analíticos – informativos: 1)
Referido a la evaluación del grado de cumplimiento de los principios del
cooperativismo (Subsistema I) 2)
Referido a la construcción y evaluación del Balance Social (Subsistema
II)
Ambos
subsistemas deberán definirse atendiendo a las áreas internas y externas
de actuación de nuestras cooperativas. De esta manera, el proceso de autoevaluación de la acción social
permite incorporar, a la dinámica ya habitual en muchas cooperativas en
su desempeño económico; su acción y diagnóstico de su responsabilidad
social.
Con ello
se lograría un proceso integral de programación estratégica y
operacional de la cooperativa, estableciendo prioridades y controlando
el grado de cumplimiento de lo que se planifica para cada período.
Según la
metodología diseñada para la evaluación de los principios cooperativos,
en el marco del Proyecto de Balance Social de 1997, auspiciado por la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) y por la ACI; y a partir
de los subsistemas que en nuestra opinión permiten valorar integralmente
la acción social de las cooperativas, hemos considerado incluir el
sistema de indicadores generales que contiene ese modelo, a partir de la
operacionalización de los principios cooperativos. El subsistema
diseñado a partir de dicha operacionalización ha sido denominado:
Subsistema I, relacionado con la evaluación del cumplimiento de los
principios generales del cooperativismo.
Los siete
principios cooperativos, tal como se plantea, deberán someterse a un
proceso de operacionalización como paso previo para la definición de las
informaciones específicas que desarrollarán y presentarán en cada uno de
ellos.
Así, fueron desagregados en sus variadas dimensiones, entendidas éstas
como categorías genéricas que identifican los aspectos más importantes
del principio en cuestión. Y serán a estas dimensiones a las que se
asignan unidades de medida adecuadas con las cuales confeccionar los
indicadores cooperativos para la evaluación del grado de cumplimiento
de los principios.
En todo
este proceso se siguieron tres fases principales para la traducción de
conceptos abstractos (los principios del cooperativismo), en variables
empíricas.
** La primera de estas fases consiste en establecer la representación
literaria del concepto a medir. Para ello contamos con la ventaja de que
la ACI, al formular su definición y actualización de los principios
cooperativos, no se limitase a una formulación escueta. Además de
enumerar los siete principios, los desarrolló literariamente, lo que nos
permite acceder a lo que el cooperativismo mundial entiende por cada uno
de estos principios y sus implicaciones, aunque a nivel general.
** La segunda fase plantea la delimitación y análisis de las dimensiones
o aspectos comprendidos en cada uno de los principios. Como variable
intermedia entre el principio y el indicador, se definió la dimensión
como aquella categoría que identifica algún aspecto teórico relevante
del principio. Para la determinación de estas dimensiones se utilizan
dos fuentes: En primer lugar se extrajeron de la propia definición
literaria de cada principio cooperativo recogidos en la Declaración
sobre la Identidad Cooperativa y también del informe que acompañó a la
declaración y en el que se determinan con mayor precisión el contenido
y límites de los valores y principios cooperativos y algunas cuestiones
claves en su formulación.
** La tercera fase consistió en seleccionar los indicadores de las
dimensiones anteriormente definidas. En la medida de lo posible no se
limitaron a un solo indicador por dimensión, sobre todo teniendo en
cuenta que la relación entre indicador y dimensión a medir no siempre
puede ser directa.
EVALUACION INTERNA DE LA COOPERATIVA
Si bien el
modelo establece un esquema a través del cual poder comparar las
realizaciones de diferentes cooperativas en los diversos campos
relacionados con el cumplimiento de los principios cooperativos, aspira
también a convertirse en un instrumento que permita a cada cooperativa
establecer sus propios objetivos sociales y gestionarlos adecuadamente.
Estos indicadores generales – definidos para la comparación Inter –
cooperativa sirven de primer diagnóstico de la situación de cada
organización concreta. Este diagnóstico debe ser habitualmente
presentado en la asamblea general de asociados para, con base en
la información disponible, reconocer los puntos fuertes y débiles de
ésta en su actuación social y establecer las áreas que prioritariamente
requieren de una intervención decidida.
La asamblea debe definir los objetivos concretos que se fija al
respecto, las unidades de medida que le permitirán conocer su grado de
avance en la dirección elegida y la ponderación o importancia relativa
de cada uno de estos objetivos, con base en lo cual concretar los
programas de acción y sus presupuestos.
EL BALANCE SOCIAL EN LAS COOPERATIVAS.
Un aspecto
importante que debe considerarse sin lugar a dudas, en el análisis
integral de los resultados de la gestión en nuestras organizaciones
cooperativas, lo constituye su acción o impacto social, en
correspondencia con la esencia que define y desarrolla al movimiento
cooperativo desde sus inicios hasta la actualidad, lo cual requiere de
una conciencia y un compromiso de todos sus niveles de dirección y sus
asociados.
De estos elementos surge el concepto de Responsabilidad Social,
entendida esta como toda aquella actividad que desarrolla la empresa con
el objetivo de satisfacer las necesidades de sus asociados y
trabajadores contratados, así como de la comunidad en la cual está
insertada, dando respuesta a las expectativas y derechos generados con
estos sectores con los cuales se relaciona con el compromiso de su
desarrollo integral.
De esta fundamentación, el concepto de Compromiso o Responsabilidad
Social no sólo puede ser concebido en el marco estrecho que supone el
interior de la empresa cooperativa, o sea su relación con sus asociados
y trabajadores, sino que en su sentido más amplio supone la interacción
constante y estratégicamente definida con la comunidad que la rodea y
con la cual mantiene vínculos elementales como cliente, consumidora,
proveedora, etc.
CONTABILIDAD DEL BALANCE SOCIAL
Los
planteamientos sobre desarrollo integral y responsabilidad social, dan
origen al balance social, como un instrumento para medios y valorar en
forma clara y precisa los resultados de la aplicación de la política de
la empresa.
** Realizar el diagnóstico de la gestión empresarial entorno al
cumplimiento de su responsabilidad social en un período determinado, lo
cual le permite definir políticas, establecer programas y racionalizar
la efectividad de las inversiones sociales, con miras a la promoción de
sus trabajadores y de la sociedad.
** Como herramienta de gestión empresarial el balance social le permite
a la gerencia la planificación de acciones tendientes a aumentar la
productividad a aumentar la productividad y la eficiencia de sus
trabajadores. Además le permite evaluar las acciones en términos de
costo-beneficio.
** Disponer de la información que se refiere a los recursos humanos de
la empresa y de los sectores con los cuales ella tiene relación, para
poder informar adecuadamente a la opinión pública acerca de su desempeño
social como empresa.
** Como instrumento de gestión le permite a la empresa actualizar
políticas y programas relacionados con su responsabilidad social, ya que
crea instrumentos más efectivos para medir y controlar las
consecuencias, los costos y los beneficios que desprenden de sus
acciones.
N. de la R.: Los autores de este artículo, son prestigiosos
profesionales de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
Pinar del Rio (Cuba) y, obviamente, especialistas en la cuestión
cooperativa.
NOVIEMBRE 2007
0=0=0=0=0
"
Resulta
difícil elaborar estadísticas,
porque
algunas
entidades
carecen de informaciones elementales,
como el caso de las
cooperativas agrarias..."
La
doctora Alicia Rovello publicó este interesante artículo en el
Diario de Cuyo, en su edición del 28 de junio de 2007, el cual
transcribimos textualmente:
Desde hace unos diez años se viene hablando en los medios empresarios
acerca de la necesidad de que las organizaciones económicas realicen
balances sociales con el objetivo de mostrar al público su compromiso
con la comunidad.
También en
la esfera de las instituciones con finalidades sociales y especialmente
en el campo de las cooperativas, se comenzó a prensar en la importancia
que tendría para este especialísimo tipo de empresas contar con un
instrumento que les permitiera verificar si en cada una de sus
actividades económicas se tiene en cuenta el cumplimiento de los
principios doctrinarios en que se sustentan las cooperativas.
Cabe
señalar que el cooperativismo argentino fue pionero en la presentación
de una obra dedicada al tema y que la misma fue tomada en cuenta por
expertos de la Alianza Cooperativa Internacional en ocasión de elaborar
una propuesta para que las cooperativas de todo el mundo comenzaran a
realizar sus respectivos balances sociales.
En la
Argentina, luego del encuentro de profesionales en Administración de
Cooperativas y Mutuales realizado en Rosario en 1999, se resolvió que el
balance social fuera llamado "evaluación de la situación social en
cooperativas y mutuales" con el objetivo de diferenciar a ese
instrumento de gestión del tradicional balance económico y su
correspondiente memoria.
Finalidad
de la evaluación social: Tanto las cooperativas como las mutuales
sustentan una serie de principios doctrinarios que les permite
distinguirse claramente de las empresas de economía lucrativa. Esos
principios deben ser tenidos en cuenta por los directivos de tales
entidades al momento de planificar sus actividades económicas o
asistenciales y la evaluación es el instrumento adecuado para que pueda
conocerse si se cumplen, o no, con los principios.
En el
reciente Tercer Encuentro de la Economía Social realizado en la ciudad
de Buenos Aires un grupo de expertos presentó los trabajos de evaluación
que desde hace años vienen realizando en mutuales y cooperativas de
primero y segundo grado.
Una
adecuada preparación de los cuestionarios y la eficiente recopilación y
análisis de los datos recogidos, aseguran la calidad del trabajo, cuyos
destinatarios prioritarios son los mismos directivos que lo encargaron,
ya que a partir de la información recibida podrán saber qué y cómo están
haciendo la administración de sus organizaciones.
La
evaluación social permite, por otra parte, homogeneizar los sistemas
informáticos, aún los contables. Hay entidades en las cuales resulta
difícil elaborar estadísticas y proyecciones porque carecen de
informaciones elementales como, en el caso de las cooperativas agrarias
saber cuántas hectáreas producen los asociados y cuál es el volumen
potencial de cada cosecha. Lo mismo ocurre en el caso de las mutuales,
donde no se tienen registros sobre la edad, sexo, cantidad de hijos de
sus asociados, con lo cual se dificulta la programación de planes
asistenciales.
Es decir
que la evaluación social, además de darle a los directivos un panorama
de lo que están haciendo, pone ante ellos una serie de datos
complementarios de gestión que van más allá de si se cumplen o no los
principios cooperativos o mutualistas.
Por otra
parte, en la evaluación social deben ser entrevistados los asociados y
la comunidad con la finalidad de que se expresen acerca de la
institución, su grado de satisfacción y su reconocimiento como entidad
de carácter social preocupada por el entorno humano y ecológico.
Desde la
Universidad de Belgrano comenzó a trabajarse sobre este tema en 1998
realizándose jornadas conjuntamente con especialistas de la Alianza
Cooperativa Internacional y algunos de sus investigadores presentaron
trabajos en congresos nacionales e internacionales y asesoran a
profesionales sobre esta importante técnica de evaluación.
Hoy es
sumamente necesario que las empresas, y especialmente las de carácter
social, conozcan qué opinan sus asociados y los terceros sobre la
actividad que realizan, la cual puede ser excelente para la empresa,
pero no llega a alcanzar una positiva repercusión social. La evaluación
social contribuye a ese conocimiento.
JULIO 2007
0=0=0=0=0
El Balance Social
debe ser una cuestión
de prioridad absoluta en las instituciones
Desde todos los
sectores del movimiento cooperativo universal, se viene impulsando la
iniciativa de que las entidades solidarias efectúen anualmente su
Balance Social. La Alianza Coooperativa Internacional, el máximo
organismo mundial que aglutina a instituciones solidarias de todo el
universo, viene motorizando decididamente esta iniciativa, a efectos de
que todas las cooperativas apliquen e incorporen definitivamente este
sistema en la elaboración de sus informes anuales.
Con relación a
este trascendente tema, es importante señalar que existen varias
definiciones concretas en torno de lo que realmente es el Balance
Social. Una de ellas expresa:
"El Balance
Social consiste básicamente en reunir y sistematizar la información del
área social en un documento público, donde se puedan cuantificar los
datos mediante el elemento básico de los indicadores sociales. Un
control periódico de esta información, lo más amplio, preciso y objetivo
posible, constituye lo que se denomina actualmente Balance Social".
Otra definición,
más amplia en detalles, puntualiza sobre el particular:
"El Balance
Social cooperativo consiste básicamente en reunir, sistematizar y
evaluar la información que corresponde a las dimensiones sociales que
hacen a la naturaleza y a los fines de la actividad cooperativa, volcada
en un documento de alcance público, donde se pueden cuantificar los
datos mediante el elemento operativo del Balance Social, que son los
indicadores sociales".
Con estas
definiciones se subrayan las precondiciones básicas del Balance Social,
entre las cuales pueden destacarse la visión de conjunto, la función
evaluativa, la enumeración realista, su plasmación empírica y su diseño
riguroso en términos de confiabilidad y coherencia.
El Balance Social
como documento público cumple, asimismo, un rol difusor de la imagen
social de la cooperativa en su respectiva comunidad. La influencia
social de la entidad solidaria debe medirse en sentido bidireccional, a
fin de permitir abrir juicio sobre su desempeño.
Una interesante
definición sobre el tema, es la siguiente: "El balance
económico-financiero tradicional es al acto de comercio como el Balance
Social en las cooperativas es al acto cooperativo". Este instrumento
debe reflejar con absoluta objetividad y seriedad la situación social
real, determinando tanto los impactos negativos como positivos de la
gestión.
Si bien el
Balance Social no debe incluir complejidades inútiles, tiene al igual
que el balance económico, un nivel de elaboración técnica que le es
propio y que requiere por lo tanto de parte de quienes lo confeccionen
un mínimo de capacitación formal en las disciplinas que le competen.
Cumplir con estos
objetivos implica la elaboración de un Balance Social que integre
distintos estados, que reflejen desde distintos abordajes las
dimensiones sociales de la cooperativa, con el fin de brindar una
información sistemática que posibilite la evaluación. De esta manera,
información y evaluación se constituyen en las finalidades principales
del Balance Social cooperativo.
Es importante
señalar que el Balance Social puede cumplir la doble función de
documento público y privado. Concretamente, mientras sólo responda a
necesidades gerenciales, puede estar limitado al ámbito privado. Pero en
cuanto supere el interés administrativo, se convierte en un verdadero
documento de registración contable y de esa forma se convierte en un
documento público.
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