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BALANCE SOCIAL: UNA
PRIORIDAD PARA LAS
EMPRESAS COOPERATIVAS
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Escriben los licenciados
EMILIO SOTO Y FABIÁN TISOCCO
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La vinculación existente entre la
temática del balance social y la responsabilidad social y su aplicación
a las empresas del ámbito cooperativo ha sido un aspecto relegado, que
al momento, se impone como una asignatura pendiente para el movimiento
cooperativo en general y como un desafío para la gestión de cada
cooperativa en particular. Las empresas capitalistas (con fines de
lucro) le están dando un impulso muy importante a la temática, tanto que
hasta pareciera que estamos frente a cuestiones nuevas.
Sin embargo, las cuestiones sociales no son nuevas para el
cooperativismo porque forman parte de sus principios rectores, de su
misma esencia y de su propia identidad como organización social.
Por ello es que los principios y valores del movimiento son la
estructura y el soporte de las estrategias y acciones de responsabilidad
social de este tipo de empresas. El estudio y puesta en marcha del
Balance Social Cooperativo, contribuye de manera directa a que la
cooperativa gestione de manera eficiente esa responsabilidad social que
la relaciona fuertemente con sus asociados y con todos los demás grupos
de interés.
En esta línea el balance social es una herramienta de apoyo directo para
el ordenamiento de la gestión cooperativa, pues hace fuerte hincapié en
la detección de aspectos débiles que deben corregirse y también en la
determinación de fortalezas que pueden trabajarse para ser potenciadas.
Esto incorpora a la cooperativa en un proceso de mejora continua, en pos
de un mayor compromiso e involucramiento social.
La responsabilidad y la decisión de la dirigencia cooperativa de
establecerlo como un asunto prioritario dentro de sus políticas y
estrategias, se asienta en tres aspectos fundamentales que involucran
beneficios directos para las empresas. En primer término, la
recuperación y/o profundización de la identidad cooperativa, a partir
del análisis crítico del cumplimiento de los principios rectores.
En segundo lugar, el logro de una mayor eficiencia en la gestión
empresarial y en consecuencia en la prestación de servicios sustentables
y de calidad para los asociados.
Por último, en la mejora de la comunicación integral de la empresa,
aspecto de suma importancia y preocupación en la mayoría de las
cooperativas, puesto que el balance social posibilita detectar, procesar
y ordenar todos los resultados sociales de las acciones de la empresa,
que generalmente no son conocidos por la comunidad.
Necesitamos reafirmar la identidad. La identidad es lo que mantiene a
una organización dentro de los límites de su propia esencia, sin que
esto signifique negar la necesaria adaptación de la misma al entorno, y
en el caso de las organizaciones cooperativas, su constitución está dada
por la manera en que se concretan los principios y valores cooperativos
en el quehacer diario, a partir de sus actividades específicas.
Es decir, la manera en que los mismos se llevan a la práctica, aspecto
que por momentos se torna difícil de poner en acción, sobre todas y cada
una de las decisiones diarias de la gestión cooperativa. De aquí
el interés que genera la medición del cumplimiento de los principios a
través del Balance Social. Sus resultados nos permitirán determinar en
qué grado la empresa se está acercando a los mismos o, en definitiva, de
qué manera trabaja para cumplir con sus máximos objetivos y reforzar así
su propia esencia y naturaleza.
Es importante que las cooperativas no aspiren sólo al legítimo y
necesario éxito económico de la gestión, olvidando las acciones sociales
que demanda su propia naturaleza y objetivos. En el logro del
difícil equilibrio entre ambos (equilibrio entre lo económico y lo
social) se inscribe el verdadero éxito de una empresa cooperativa.
Para reflejar los resultados económicos tenemos el balance contable,
para reflejar los resultados de las acciones sociales tenemos el balance
social.
En este sentido la Alianza Cooperativa Internacional sostiene que: “Las
cooperativas deben demostrar con su quehacer diario las razones de su
existencia como forma especial de asociación de personas con un objetivo
común. Y eso obliga a gestionar adecuadamente todas sus dimensiones, no
únicamente las económicas”.
Para trabajar sobre este equilibrio y determinar el grado en que la
empresa está cumpliendo con los principios, es necesario crear
indicadores que nos permitan medir los diferentes alcances de cada
principio y luego las variables e índices que posibiliten cuantificar –
en la medida de lo posible -- las acciones sociales que la empresa
desarrolla.
Ventajas y Beneficios. Lo más importante a destacar en líneas generales
es que las ventajas o beneficios se alcanzan no sólo con la producción
de un informe final, al que denominamos balance social, sino y
esencialmente que las mismas se producen en todo el proceso que
involucra su elaboración y en las acciones que se implementan en forma
posterior a la presentación del mismo ante la Asamblea.
Existen tres grandes grupos de beneficios, los relacionados con el apoyo
a la gestión diaria de la cooperativa, los de tipo político
institucional, originados a partir de comunicar las consecuencias e
impactos positivos de la gestión y por último los vinculados a la
cultura organizacional y el afianzamiento de sus valores y principios en
las relaciones de la empresa con sus asociados y con la comunidad en
general.
Dentro de estos tres grandes grupos podemos mencionar sintéticamente a
los siguientes como los principales beneficios y bondades de esta
herramienta:
** Es una fuente de aporte de información social y económica.
** Posibilita que la propia empresa autoevalúe su gestión social
detectando debilidades y fortalezas.
** Promueve el conocimiento de los hechos, acciones, programas y
políticas de contenido social que posee la empresa, por parte de todos
los grupos de interés.
** Contribuye a realizar cambios y transformaciones en la cultura
organizacional.
** Permite comparar la información social entre cooperativas, y como
sumatoria puede mostrar el valor agregado de un sector del movimiento
cooperativo a la comunidad.
** Posibilita mostrar en forma resumida el aporte total que la
cooperativa realiza en el medio en el que está inserta.
** Es una excelente aliado para aquellas cooperativas que se encuentran
insertas en procesos de certificación de calidad bajo normas ISO o
similares.
** Contribuye a cumplimentar los lineamientos establecidos por el Pacto
Global, implementado por la ONU y de cuyos postulados Argentina es
signataria, en caso que la institución esté adherida al mismo.
Ante lo dicho creemos que en este momento hace falta emprender el camino
y la dirigencia cooperativa tiene en este sentido la responsabilidad de
ver más allá y aprovechar la oportunidad que esta herramienta le acerca.
Es necesario capacitarse, formarse y solicitar a las autoridades y a los
dirigentes y líderes cooperativos que tomen la decisión de medir y
evaluar sus acciones, realizar una revisión crítica de su gestión y
mostrar orgullosamente los resultados de su accionar a la comunidad y
fundamentalmente a sus asociados.
Todo está dado, solo hay que pasar del discurso a la acción y generar el
compromiso de dirigentes y profesionales con la temática y con el
crecimiento de nuestras cooperativas.
Lic. FABIAN TISOCCO
fabiangtisocco@yahoo.com.ar
Lic. EMILIO SOTO
emiliosoto@concordia.com.ar
(**) Los autores de este artículo, son docentes, investigadores y
consultores, especialistas en Responsabilidad Social y Balance Social.
FEBRERO 2011
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Gestión y
Responsabilidad Social
en las Cooperativas: un reto del
cooperativismo contemporáneo
Escriben:
Odalys Labrador Machín
Juan Luis Alfonso Alemán
Alberto Rivera Rodríguez
Aún cuando las organizaciones
cooperativas desarrollan una importante labor social que abarca en
primer lugar las necesidades y expectativas de sus asociados y que
además se vinculan y comprometen con la solución de los problemas de la
comunidad en la que se insertan así como de la sociedad en general,
carecen de un instrumental de gestión que les permita garantizar la
mejor utilización de los recursos de que dispone en todos los campos de
actuación, así como fundamentar estrategias de desarrollo y acción
social que respondan a las necesidades y demandas reales de su recurso
humano, familia, comunidad y sociedad.
Es importante tener presente que el futuro de las cooperativas y del
movimiento en general está condicionado a la observación más estricta de
su espíritu social, sobre la base de procesos económicos eficientes y
eficaces. Esta importante necesidad no puede postergar su
resolución, las cooperativas deben demostrar con su acción diaria las
razones de su existencia como forma especial de asociación de personas
con un objetivo común, y ello obliga a gestionar adecuadamente todas sus
dimensiones y no únicamente las económicas.
Por otra parte, el desarrollo actual y el desempeño de las cooperativas
de base demandan el diseño y aplicación de una metodología que permita
el autodiagnóstico sobre el grado de cumplimiento de los principios del
cooperativismo, la planificación y el control adecuado en la
materialización de éstos y además brinde la posibilidad de establecer
cierto grado de comparación entre nuestras entidades, basadas
principalmente en el nivel de cumplimiento de los principios
cooperativos.
Estos principios deberán ser medidos y evaluados a través de una serie
de indicadores generales que podrán ser acompañados de otros que
respondan con mayor precisión a las características y particularidades
de cada organización. Las cooperativas, en su necesidad de
registrar, medir y evaluar su desempeño o acción social, cuentan con la
ventaja que confiere su especificidad como empresa, que la convierte en
una organización peculiar y diferente del resto y que está determinada
por su compromiso social, tanto con respecto a sus asociados como con
respecto a otros colectivos interrelacionados con estas organizaciones.
No obstante, es importante señalar, que esta necesidad no es exclusiva
del sector cooperativo.
El informe sobre el grado de desempeño social de las cooperativas debe
constituir un instrumento de gestión que garantice la autenticidad e
identidad de estas entidades.
En nuestra región, el diseño y puesta en práctica de un sistema de
información estructurado que contribuya al reconocimiento del espacio
que el movimiento ha ganado dentro de las economías nacionales y de la
región constituye una prioridad para su inserción como un sector más de
la economía. Al mismo tiempo dotará al movimiento de datos y
estadísticas objetivas para su defensa política, lo que significa una
necesidad actual ante corrientes y tendencias que se oponen al
cooperativismo en algunos países.
Muchos países de nuestra región han desarrollado esfuerzos en aras de
diseñar y establecer metodologías de medición y evaluación del desempeño
social de las cooperativas y actualmente han aunado esfuerzos en pos de
asimilar las experiencias más significativas y de mayor reflejo de la
acción social y los resultados del trabajo de nuestras organizaciones.
En el caso latinoamericano y desde nuestro punto de vista, el modelo de
evaluación del impacto social debe constituirse, de manera general,
conteniendo dos bloques o subsistemas analíticos – informativos: 1)
Referido a la evaluación del grado de cumplimiento de los principios del
cooperativismo (Subsistema I) 2) Referido a la construcción y
evaluación del Balance Social (Subsistema II).
Ambos subsistemas deberán definirse atendiendo a las áreas internas y
externas de actuación de nuestras cooperativas. De esta manera, el
proceso de autoevaluación de la acción social permite incorporar, a la
dinámica ya habitual en muchas cooperativas en su desempeño económico;
su acción y diagnóstico de su responsabilidad social. Con ello se
lograría un proceso integral de programación estratégica y operacional
de la cooperativa, estableciendo prioridades y controlando el grado de
cumplimiento de lo que se planifica para cada período.
Según la metodología diseñada para la evaluación de los principios
cooperativos, en el marco del Proyecto de Balance Social de 1997,
auspiciado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y por la
ACI; y a partir de los subsistemas que en nuestra opinión permiten
valorar integralmente la acción social de las cooperativas, hemos
considerado incluir el sistema de indicadores generales que contiene ese
modelo, a partir de la operacionalización de los principios
cooperativos. El subsistema diseñado a partir de dicha
operacionalización ha sido denominado: Subsistema I, relacionado con la
evaluación del cumplimiento de los principios generales del
cooperativismo.
Los siete principios cooperativos, tal como se plantea, deberán
someterse a un proceso de operacionalización como paso previo para la
definición de las informaciones específicas que desarrollarán y
presentarán en cada uno de ellos. Así, fueron desagregados en sus
variadas dimensiones, entendidas éstas como categorías genéricas que
identifican los aspectos más importantes del principio en cuestión. Y
serán a estas dimensiones a las que se asignan unidades de medida
adecuadas con las cuales confeccionar los indicadores cooperativos para
la evaluación del grado de cumplimiento de los principios.
En todo este proceso se siguieron tres fases principales para la
traducción de conceptos abstractos (los principios del cooperativismo),
en variables empíricas.
** La primera de estas fases consiste en establecer la representación
literaria del concepto a medir. Para ello contamos con la ventaja de que
la ACI, al formular su definición y actualización de los principios
cooperativos, no se limitase a una formulación escueta. Además de
enumerar los siete principios, los desarrolló literariamente, lo que nos
permite acceder a lo que el cooperativismo mundial entiende por cada uno
de estos principios y sus implicaciones, aunque a nivel general.
** La segunda fase plantea la delimitación y análisis de las dimensiones
o aspectos comprendidos en cada uno de los principios. Como variable
intermedia entre el principio y el indicador, se definió la dimensión
como aquella categoría que identifica algún aspecto teórico relevante
del principio. Para la determinación de estas dimensiones se utilizan
dos fuentes: En primer lugar se extrajeron de la propia definición
literaria de cada principio cooperativo recogidos en la Declaración
sobre la Identidad Cooperativa y también del informe que acompañó a la
declaración y en el que se determinan con mayor precisión el contenido y
límites de los valores y principios cooperativos y algunas cuestiones
claves en su formulación.
** La tercera fase consistió en seleccionar los indicadores de las
dimensiones anteriormente definidas. En la medida de lo posible no se
limitaron a un solo indicador por dimensión, sobre todo teniendo en
cuenta que la relación entre indicador y dimensión a medir no siempre
puede ser directa.
EVALUACION INTERNA DE LA COOPERATIVA
Si bien el modelo establece un esquema a través del cual poder comparar
las realizaciones de diferentes cooperativas en los diversos campos
relacionados con el cumplimiento de los principios cooperativos, aspira
también a convertirse en un instrumento que permita a cada cooperativa
establecer sus propios objetivos sociales y gestionarlos adecuadamente.
Estos indicadores generales – definidos para la comparación Inter –
cooperativa sirven de primer diagnóstico de la situación de cada
organización concreta. Este diagnóstico debe ser habitualmente
presentado en la asamblea general de asociados para, con base en la
información disponible, reconocer los puntos fuertes y débiles de ésta
en su actuación social y establecer las áreas que prioritariamente
requieren de una intervención decidida.
La asamblea debe definir los objetivos concretos que se fija al
respecto, las unidades de medida que le permitirán conocer su grado de
avance en la dirección elegida y la ponderación o importancia relativa
de cada uno de estos objetivos, con base en lo cual concretar los
programas de acción y sus presupuestos.
EL BALANCE SOCIAL EN LAS COOPERATIVAS
Un aspecto importante que debe considerarse sin lugar a dudas, en el
análisis integral de los resultados de la gestión en nuestras
organizaciones cooperativas, lo constituye su acción o impacto social,
en correspondencia con la esencia que define y desarrolla al movimiento
cooperativo desde sus inicios hasta la actualidad, lo cual requiere de
una conciencia y un compromiso de todos sus niveles de dirección y sus
asociados.
De estos elementos surge el concepto de Responsabilidad Social,
entendida esta como toda aquella actividad que desarrolla la empresa con
el objetivo de satisfacer las necesidades de sus asociados y
trabajadores contratados, así como de la comunidad en la cual está
insertada, dando respuesta a las expectativas y derechos generados con
estos sectores con los cuales se relaciona con el compromiso de su
desarrollo integral.
De esta fundamentación, el concepto de Compromiso o Responsabilidad
Social no sólo puede ser concebido en el marco estrecho que supone el
interior de la empresa cooperativa, o sea su relación con sus asociados
y trabajadores, sino que en su sentido más amplio supone la interacción
constante y estratégicamente definida con la comunidad que la rodea y
con la cual mantiene vínculos elementales como cliente, consumidora,
proveedora, etc.
CONTABILIDAD DEL BALANCE SOCIAL
Los planteamientos sobre desarrollo integral y responsabilidad social,
dan origen al balance social, como un instrumento para medios y valorar
en forma clara y precisa los resultados de la aplicación de la política
de la empresa.
** Realizar el diagnóstico de la gestión empresarial entorno al
cumplimiento de su responsabilidad social en un período determinado, lo
cual le permite definir políticas, establecer programas y racionalizar
la efectividad de las inversiones sociales, con miras a la promoción de
sus trabajadores y de la sociedad.
** Como herramienta de gestión empresarial el balance social le permite
a la gerencia la planificación de acciones tendientes a aumentar la
productividad a aumentar la productividad y la eficiencia de sus
trabajadores. Además le permite evaluar las acciones en términos de
costo-beneficio.
** Disponer de la información que se refiere a los recursos humanos de
la empresa y de los sectores con los cuales ella tiene relación, para
poder informar adecuadamente a la opinión pública acerca de su desempeño
social como empresa.
** Como instrumento de gestión le permite a la empresa actualizar
políticas y programas relacionados con su responsabilidad social, ya que
crea instrumentos más efectivos para medir y controlar las
consecuencias, los costos y los beneficios que desprenden de sus
acciones.
N. de la R.: Los autores de este
artículo, son prestigiosos profesionales de la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad Pinar del Rio (Cuba) y, obviamente,
especialistas en la cuestión cooperativa.
NOVIEMBRE 2007
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"Resulta difícil elaborar
estadísticas, porque algunas
entidades carecen de informaciones elementales,
como el caso de las cooperativas agrarias..."
La doctora Alicia Rovello publicó este interesante
artículo en el Diario de Cuyo, en su edición del 28 de junio de 2007, el
cual transcribimos textualmente:
Desde hace unos diez años se viene hablando en los medios empresarios
acerca de la necesidad de que las organizaciones económicas realicen
balances sociales con el objetivo de mostrar al público su compromiso
con la comunidad.
También en la esfera de las instituciones con
finalidades sociales y especialmente en el campo de las cooperativas, se
comenzó a prensar en la importancia que tendría para este especialísimo
tipo de empresas contar con un instrumento que les permitiera verificar
si en cada una de sus actividades económicas se tiene en cuenta el
cumplimiento de los principios doctrinarios en que se sustentan las
cooperativas.
Cabe señalar que el cooperativismo argentino fue
pionero en la presentación de una obra dedicada al tema y que la misma
fue tomada en cuenta por expertos de la Alianza Cooperativa
Internacional en ocasión de elaborar una propuesta para que las
cooperativas de todo el mundo comenzaran a realizar sus respectivos
balances sociales.
En la Argentina, luego del encuentro de
profesionales en Administración de Cooperativas y Mutuales realizado en
Rosario en 1999, se resolvió que el balance social fuera llamado
"evaluación de la situación social en cooperativas y mutuales" con el
objetivo de diferenciar a ese instrumento de gestión del tradicional
balance económico y su correspondiente memoria.
Finalidad de la evaluación social: Tanto las
cooperativas como las mutuales sustentan una serie de principios
doctrinarios que les permite distinguirse claramente de las empresas de
economía lucrativa. Esos principios deben ser tenidos en cuenta por los
directivos de tales entidades al momento de planificar sus actividades
económicas o asistenciales y la evaluación es el instrumento adecuado
para que pueda conocerse si se cumplen, o no, con los principios.
En el reciente Tercer Encuentro de la Economía
Social realizado en la ciudad de Buenos Aires un grupo de expertos
presentó los trabajos de evaluación que desde hace años vienen
realizando en mutuales y cooperativas de primero y segundo grado.
Una adecuada preparación de los cuestionarios y la
eficiente recopilación y análisis de los datos recogidos, aseguran la
calidad del trabajo, cuyos destinatarios prioritarios son los mismos
directivos que lo encargaron, ya que a partir de la información recibida
podrán saber qué y cómo están haciendo la administración de sus
organizaciones.
La evaluación social permite, por otra parte,
homogeneizar los sistemas informáticos, aún los contables. Hay entidades
en las cuales resulta difícil elaborar estadísticas y proyecciones
porque carecen de informaciones elementales como, en el caso de las
cooperativas agrarias saber cuántas hectáreas producen los asociados y
cuál es el volumen potencial de cada cosecha. Lo mismo ocurre en el caso
de las mutuales, donde no se tienen registros sobre la edad, sexo,
cantidad de hijos de sus asociados, con lo cual se dificulta la
programación de planes asistenciales.
Es decir que la evaluación social, además de darle
a los directivos un panorama de lo que están haciendo, pone ante ellos
una serie de datos complementarios de gestión que van más allá de si se
cumplen o no los principios cooperativos o mutualistas.
Por otra parte, en la evaluación social deben ser
entrevistados los asociados y la comunidad con la finalidad de que se
expresen acerca de la institución, su grado de satisfacción y su
reconocimiento como entidad de carácter social preocupada por el entorno
humano y ecológico.
Desde la Universidad de Belgrano comenzó a
trabajarse sobre este tema en 1998 realizándose jornadas conjuntamente
con especialistas de la Alianza Cooperativa Internacional y algunos de
sus investigadores presentaron trabajos en congresos nacionales e
internacionales y asesoran a profesionales sobre esta importante técnica
de evaluación.
Hoy es sumamente necesario que las empresas, y
especialmente las de carácter social, conozcan qué opinan sus asociados
y los terceros sobre la actividad que realizan, la cual puede ser
excelente para la empresa, pero no llega a alcanzar una positiva
repercusión social. La evaluación social contribuye a ese conocimiento.
JULIO 2007
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El Balance Social
debe ser una cuestión
de prioridad absoluta en las instituciones
Desde todos los sectores del movimiento cooperativo universal, se viene
impulsando la iniciativa de que las entidades solidarias efectúen
anualmente su Balance Social. La Alianza Coooperativa Internacional, el
máximo organismo mundial que aglutina a instituciones solidarias de todo
el universo, viene motorizando decididamente esta iniciativa, a efectos
de que todas las cooperativas apliquen e incorporen definitivamente este
sistema en la elaboración de sus informes anuales.
Con relación a este trascendente tema, es importante señalar que existen
varias definiciones concretas en torno de lo que realmente es el Balance
Social. Una de ellas expresa:
"El Balance Social consiste básicamente en reunir y sistematizar la
información del área social en un documento público, donde se puedan
cuantificar los datos mediante el elemento básico de los indicadores
sociales. Un control periódico de esta información, lo más amplio,
preciso y objetivo posible, constituye lo que se denomina actualmente
Balance Social".
Otra definición, más amplia en detalles, puntualiza sobre el particular:
"El Balance Social cooperativo consiste básicamente en reunir,
sistematizar y evaluar la información que corresponde a las dimensiones
sociales que hacen a la naturaleza y a los fines de la actividad
cooperativa, volcada en un documento de alcance público, donde se pueden
cuantificar los datos mediante el elemento operativo del Balance Social,
que son los indicadores sociales".
Con estas definiciones se subrayan las precondiciones básicas del
Balance Social, entre las cuales pueden destacarse la visión de
conjunto, la función evaluativa, la enumeración realista, su plasmación
empírica y su diseño riguroso en términos de confiabilidad y coherencia.
El Balance Social como documento público cumple, asimismo, un rol
difusor de la imagen social de la cooperativa en su respectiva
comunidad. La influencia social de la entidad solidaria debe medirse en
sentido bidireccional, a fin de permitir abrir juicio sobre su
desempeño.
Una interesante definición sobre el tema, es la siguiente: "El balance
económico-financiero tradicional es al acto de comercio como el Balance
Social en las cooperativas es al acto cooperativo". Este instrumento
debe reflejar con absoluta objetividad y seriedad la situación social
real, determinando tanto los impactos negativos como positivos de la
gestión. Si bien el Balance Social no debe incluir complejidades
inútiles, tiene al igual que el balance económico, un nivel de
elaboración técnica que le es propio y que requiere por lo tanto de
parte de quienes lo confeccionen un mínimo de capacitación formal en las
disciplinas que le competen.
Cumplir con estos objetivos implica la elaboración de un Balance Social
que integre distintos estados, que reflejen desde distintos abordajes
las dimensiones sociales de la cooperativa, con el fin de brindar una
información sistemática que posibilite la evaluación. De esta manera,
información y evaluación se constituyen en las finalidades principales
del Balance Social cooperativo.
Es importante señalar que el Balance Social puede cumplir la doble
función de documento público y privado. Concretamente, mientras sólo
responda a necesidades gerenciales, puede estar limitado al ámbito
privado. Pero en cuanto supere el interés administrativo, se convierte
en un verdadero documento de registración contable y de esa forma se
convierte en un documento público.
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¿Qué
es el
Balance
Social?
Esta es la gran pregunta
que se formulan todos los
días un gran número de
dirigentes del movimiento
cooperativo.
La mayoría de la dirigencia,
no tiene claro el tema. Y son
muy pocos los que se
preocuparon por averiguar
y poner en marcha esta
cuestión, tan importante
para las entidades de la
economía social.
En esta página encontrará
algunas pautas que le
permitirán una orientación
acerca de por qué es
necesario el Balance
Social en las cooperativas. |